Guía completa

La sal se cuela en los frenos

Durante el invierno, las carreteras de la provincia se tratan con sal y fundentes. Es necesario para circular, pero esa mezcla de agua y sal salpica las ruedas y se mete en las pinzas de freno. Las guías por las que deslizan las pastillas se oxidan, los pistones se endurecen y, poco a poco, una pastilla deja de retirarse del disco.

El conductor lo nota como un olor a quemado tras un trayecto, una rueda más caliente que las otras o un coche que tira hacia un lado al frenar.

Medir y decidir

No cambiamos discos por costumbre. Medimos su grosor y lo comparamos con el mínimo que marca el fabricante, y miramos si están deformados o con escalón. Con esos datos te decimos si toca solo pastillas o el conjunto.

Lo que sí hacemos siempre es limpiar y engrasar las guías. Un juego nuevo de pastillas en una pinza agarrotada se desgasta de forma irregular en pocos meses.

Bajadas largas

Quien baja con frecuencia por Pancorbo o vuelve de Madrid por Somosierra exige a los frenos de forma distinta a quien solo circula por la ciudad. En esas bajadas el líquido se calienta, y si tiene humedad acumulada, el pedal puede alargarse. Es una buena razón para no estirar su cambio.

Coches que se mueven poco

Un coche que pasa días parado en la calle aparece con los discos con una capa de óxido. Los primeros frenazos la limpian y no es preocupante. Lo que sí conviene vigilar es que no queden marcas fijas donde reposaba la pastilla. El trabajo tiene la garantía legal vigente en España.