Guía completa

Una queja frecuente y, a la vez, poco concreta

“El coche gotea aceite” es de las razones más habituales para pasar por el taller, y también de las que menos dicen por sí solas. El origen puede estar en media docena de sitios distintos, y cada uno tiene un coste diferente: la junta del cárter, la tapa de balancines, el retén delantero o trasero del cigüeñal, el retén del árbol de levas, el separador de aceite del sistema de ventilación, o simplemente el tapón del cárter mal apretado. Sin localizar el punto exacto, cualquier presupuesto es una apuesta.

Dos formas de encontrar el origen

Para fugas que ya dejan mancha visible, basta con desengrasar el motor a fondo, dejarlo secar y salir a rodar un tramo corto. El aceite que vuelve a aparecer marca el camino con bastante fiabilidad.

Para fugas más discretas — las que se evaporan en parte con el calor del motor y apenas dejan rastro — usamos un trazador fluorescente que se añade al aceite. Tras un centenar de kilómetros circulando con normalidad, una linterna ultravioleta ilumina el punto exacto de salida, incluso si es una gota diminuta.

De lo más barato a lo más caro

La tapa de balancines es la reparación más asequible: acceso fácil, junta sencilla, poco tiempo de mano de obra. La junta del cárter va un escalón por encima, porque hace falta bajar el cárter, limpiar bien la superficie de asiento y montar con el par correcto. El retén trasero del cigüeñal es el más costoso con diferencia — en la mayoría de los coches está justo detrás del volante motor, y llegar hasta él implica desmontar la caja de cambios.

Cuándo no puede esperar

Rellenar aceite cada varios miles de kilómetros por una fuga lenta es molesto pero no urgente. Lo que sí exige actuar ya: aceite cayendo sobre el escape o el turbo caliente, aceite alcanzando el embrague (lo deja resbaladizo y acorta su vida), o una pérdida grande que baja el nivel con rapidez. En cualquiera de estos casos, mejor llamar antes de seguir circulando.

Por qué el frío no oculta la fuga, solo la disimula

Con temperaturas bajo cero el aceite fluye más despacio, y una fuga que en verano deja un charco visible en un rato, en enero puede tardar más en gotear con el motor parado — pero sigue ahí. El diagnóstico con desengrasado y prueba en carretera funciona igual en cualquier época del año, porque la fuga se hace evidente en cuanto el motor entra en temperatura y el aceite recupera su fluidez normal.