Guía completa

El desgaste que no se oye

Los amortiguadores pierden eficacia tan despacio que el conductor se acostumbra. El coche flota un poco más en cada ondulación, se inclina algo más en las rotondas de la ronda, y nadie lo nota hasta que conduce otro coche con la suspensión en buen estado.

El problema no es la comodidad. Con un amortiguador gastado la rueda pierde contacto con el asfalto durante fracciones de segundo, y en esos momentos ni frena ni agarra igual.

Meseta, viento y carreteras rotas

Las carreteras de la provincia tienen de todo: rectas largas por el Páramo con viento lateral, tramos con el firme ondulado por las heladas y entradas a pueblos con baches. Un coche con la amortiguación en buen estado se mantiene asentado cuando una racha le empuja; uno con los amortiguadores cansados se mueve más y obliga a corregir con el volante.

Si notas que el coche «navega» en la N-120 o en la A-62 cuando sopla, merece la pena revisarlos.

Por qué siempre a pares

Cambiar uno solo deja el eje descompensado: un lado frena el movimiento y el otro no. Al frenar fuerte o en una curva cerrada, el coche puede tirar hacia un lado. Por eso los cambiamos por ejes completos y revisamos las copelas, que en coches con años suelen estar cuarteadas.

Al terminar

Alineamos si se ha tocado el eje delantero y repetimos el recorrido de prueba. La diferencia suele notarse en los primeros metros. Garantía legal vigente en España.